
En el contexto actual de crisis climática y geopolítica, los países del Sur Global plantean la necesidad urgente de acelerar la transición energética y avanzar hacia una integración autónoma y soberana, liberada de condicionamientos externos y patrones capitalistas obsoletos.
Condenamos la doble moral del desarrollismo que proclama compromiso con el medio ambiente mientras perpetúa modelos de consumo capitalista, mercantiliza bienes naturales, y preserva una morosidad ecológica que vulnera al planeta. Paradójicamente, este modelo retorna con fuerza al uso intensivo de energías fósiles, comprometiendo el futuro ambiental y social de nuestra región.
El Sur Global debe romper con estos esquemas y apostar sin reservas por energías alternativas y limpias, fomentando la transferencia horizontal de tecnología y promoviendo la complementariedad energética entre países, un camino hacia la democratización real de los servicios energéticos. No podemos permitir que el Norte global continúe explotando nuestros recursos naturales —litio, hidrocarburos estratégicos— mediante ocupaciones políticas, financieras y militares que socavan nuestra soberanía.
Actualmente enfrentamos amenazas concretas: la enajenación de nuestras reservas de litio, las restricciones en el uso pacífico de la energía atómica, la obstrucción a la construcción de plantas hidroeléctricas, y la negativa a que nos integremos energéticamente de manera plena y justa.
Por ello, es impostergable que la región avance hacia una integración y autonomía energética genuina. Ejemplos inspiradores y replicables como las experiencias de ALBA y Petro Caribe demuestran que otra forma de cooperación energética es posible, basada en la solidaridad, el respeto mutuo y el desarrollo sostenible.
Instamos a los gobiernos, movimientos sociales y sociedad civil a unir esfuerzos en esta batalla por un futuro energético soberano, justo y ecológico. Nuestra energía es un derecho, no una mercancía.