
Se cumplen 58 años de la Masacre de San Juan, uno de los episodios más trágicos de la historia minera y sindical de Bolivia, ocurrido en la madrugada del 24 de junio de 1967 en los centros mineros de Siglo XX y Catavi, bajo el gobierno del general René Barrientos Ortuño.
El hecho fue ejecutado por órdenes directas de Barrientos, quien había accedido al poder tras un golpe militar en 1964. En 1966, su régimen intentó legitimarse a través de elecciones generales, cuyos resultados fueron ampliamente cuestionados.
Durante su gobierno, Barrientos impuso una política de represión contra el movimiento obrero. Redujo los salarios de los mineros a niveles de subsistencia, desabasteció las pulperías, prohibió el fuero sindical y desató una persecución sistemática contra dirigentes políticos y sindicales, con el objetivo de destruir el núcleo de la resistencia popular que se concentraba en el movimiento minero.
En este contexto, la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) convocó de forma clandestina a un ampliado para el 24 de junio en la mina Siglo XX. Al encuentro asistirían representantes de otros sectores laborales y estudiantiles, con el fin de ratificar decisiones adoptadas previamente por sindicatos mineros de Huanuni, Catavi y Siglo XX. Entre sus resoluciones, exigían un aumento salarial, declaraban a las minas como «territorios libres» y decidieron apoyar a la guerrilla del Che Guevara con medicinas, alimentos y dos mitas de su haber (equivalentes a dos jornadas de trabajo).
Las delegaciones comenzaron a llegar el 23 de junio a Siglo XX con mucha precaución, conscientes de que los organismos represores del gobierno vigilaban de cerca a los dirigentes.
Esa noche, como dicta la tradición, los mineros y vecinos de Llallagua encendieron fogatas y compartieron momentos de esperanza. Sin embargo, el gobierno ya había decidido actuar con violencia para impedir el ampliado.
Antes de las cinco de la madrugada del 24 de junio, tropas del Ejército y agentes de la Dirección de Investigación Criminal (DIC) irrumpieron en los distritos mineros disparando a mansalva. Atacaron no solo a quienes aún atizaban las fogatas, sino también a las viviendas de los campamentos, especialmente en “La Salvadora”.
En un inicio, muchos creyeron que los disparos eran los típicos “dinamitazos” de San Juan, pero pronto se dieron cuenta de que estaban siendo víctimas de una masacre. El saldo fue trágico: 27 muertos y más de cien heridos. Los militares ocuparon a fuego la Plaza del Minero, la sede del sindicato y la radio “La Voz del Minero”, donde murió el dirigente Rosendo García Maisman, quien intentó defender la emisora con un viejo fusil desde una ventana.
La dictadura del general Barrientos consumó así una nueva barbarie en contra del pueblo trabajador.
Este episodio fue inmortalizado por el cantautor Nilo Soruco en su canción La Noche de San Juan, y llevado al cine con gran realismo por Jorge Sanjinés en su película El Coraje del Pueblo.
A más de medio siglo de este crimen, la Masacre de San Juan sigue siendo símbolo de lucha, memoria y resistencia para el movimiento obrero boliviano.
