Brasil: El regreso de un pueblo

Sabemos que los conservadores se vinculan de manera clara e inmediata con el miedo. Es parte de una estrategia de la derecha infundir miedo, violencia, con una gran dosis de odio en sus discursos. Por ello hoy la derecha tradicional se convierte en ultraderecha dónde sus principales “atributos” se basan en la mentira y en la destrucción total de la política social que gobiernos anteriores hayan construido.

                                   “El mejor truco de los malos es hacernos creer que son buenos”.

                                                                                                 Charles Baudelaire

Sabemos que los conservadores se vinculan de manera clara e inmediata con el miedo. Es parte de una estrategia de la derecha infundir miedo, violencia, con una gran dosis de odio en sus discursos. Por ello hoy la derecha tradicional se convierte en ultraderecha dónde sus principales “atributos” se basan en la mentira y en la destrucción total de la política social que gobiernos anteriores hayan construido.

Por lo tanto, corresponde a los pueblos lograr la felicidad del conjunto y romper la inercia social para mejorar su situación y controlar más la coyuntura que aquellos que están agazapados, a la defensiva, intentando conservar su estatus y privilegio. 

 Es imprescindible para lograr esos objetivos la memoria, para que los mentirosos tengan menos oportunidades. 

La mayoría del pueblo brasileño conquistó gracias a su memoria un paso transcendental, que le permitió la victoria por tercera ocasión a su presidente, Luiz Inácio Lula da Silva.      

El mismo Lula que sacó del hambre a más de 38 millones de brasileños, cuando fuera su primera presidencia en 2003, el que ofreció y dio trabajo, para permitir que los más pobres iniciaran el imprescindible acto de comer tres veces por día, además de instalar electricidad y posibilidades de comprar la casa propia o irse de vacaciones. El exobrero metalúrgico perseguido y encarcelado injustamente por el exjuez Sergio Moro durante 580 días, lo cual allanó el camino para que Bolsonaro fuera electo en 2019.  El mismo que cuándo niño marchó de Pernambuco a San Pablo huyendo del hambre y la miseria a que fueran condenados millones de compatriotas por gobiernos y dictaduras pasadas. El hoy tres veces presidente, que fundó el PT (Partido de los Trabajadores) y tradujo el Plan Hambre Cero en programas sociales, aumentando de acuerdo a la inflación el salario mínimo, y abandonando la pobreza tan absurdamente naturalizada para las mayorías, sobre todo para los pobres y negros.

Es cierto que fue un triunfo ajustado, y muchos se preguntan cómo es posible que el neonazi Jair Bolsonaro, después de cuatro años de saqueo y corrupción, haya logrado tan alta votación. Dueño de un discurso misógino, mentiroso, burdo y racista, Bolsonaro era acompañado por militares que participaron de la tortura en la dictadura que gobernó este país entre 1964-1985. Lejos de los sectores más vulnerables expresaba un pseudo nacionalismo que se basaba en un absoluto desprecio por cualquier tipo de oposición.  

Sin embargo, lo más grave de su gobierno claramente fascista fue la manipulación de las hegemónicas cadenas de medio del país más grande de América Latina, incluida la poderosa cadena O’Globo, que hicieron su trabajo diario, envenenando mentes a través de fake news, estigmatizaciones y odio que al igual que en el resto del continente conforman la principal arma de las clases dominantes, junto al lawfare de chantaje y corrupción.

 Herramientas indispensables para un grupo de inescrupulosos que los hace más poderosos. 

Quizás el mayor éxito de estos enemigos del pueblo sea no sólo el arraigo de posiciones de extrema derecha en el 49% de la sociedad brasileña, sino también la incorporación de una masa de oprimidos a sus políticas en favor de una pequeña y selecta casta de multimillonarios. 

Todo ello combinado con acciones gansteriles en el Nordeste del país – región dónde más era favorecido el lulismo por los votos de la gente – y una violencia inusual para este tipo de eventos democráticos.

No es casualidad que tres marcados alumnos del neoliberalismo más feroz, no hayan sido reelectos en América (casos Trump, Macri y Bolsonaro).

“El pueblo brasileño tiene derecho a soñar por un Brasil en el que prevalezca el amor”, sostuvo el tres veces elegido presidente.

Más allá de las esperanzas de un pueblo, no será nada fácil los primeros meses del próximo gobierno de Lula. Llega demasiado condicionado por una alianza con diferentes sectores políticos, entre los que se encuentran un vicepresidente que representa la derecha empresarial, partidos evangélicos, ecológicos y otros que pasarán cuentas de sus votos a cambio de tener injerencia en las decisiones oficiales. 

Está claro que para no retroceder e impedir todo avance del neoliberalismo, es necesario también una política de formación de cuadros al interior del PT, que le permita a Lula una mayor interlocución de abajo hacia arriba para no depender de decisiones unilaterales, y conformar de esta manera un auténtico relevo en los próximos meses. 

Un tema pendiente, que requiere un análisis más profundo. Así como también la unidad con gobiernos afines de Nuestra América que nos permita negociar en los foros internacionales a través de intereses comunes, como los que no hace mucho tiempo (cumbre de Mar del Plata en 2005), supieron realizar el mismo Lula, junto a Néstor Kirchner, Evo Morales, Hugo Chávez, entre otros, vía Mercosur, Una Sur y otros bloques regionales. 

30 de octubre del 2022, será el día en Brasil, que ganó la democracia, la libertad y la paz.

Será el día que marcó el regreso de un pueblo.

Por:  Carlos Prigollini

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