“Golpe de Estado en Bolivia, anatomía de la violencia y del saqueo” EL ANÁLISIS

Este miércoles se presentó el libro “Golpe de Estado en Bolivia, anatomía de la violencia y el saqueo”, escrito por el exministro Juan Ramón de la Quintana bajo el seudónimo “Ernesto Eterno”.

En la presentación Aldo Michel, fue el encargado de hacer el comentario y análisis del trabajo de Juan Ramón de la Quintana, señalando que el libro hace una recopilación histórica de la interrupción del ciclo constitucional con la presencia casual y abusiva de Jeannine Áñez que producto de casi un sorteo y la eventualidad asume el gobierno como supuesta presidente transitoria.

Esta interrupción del ciclo constitucional, fue el posicionamiento de los resultados de una burguesía que medró del Estado y se aprovechó de la insurgencia de la gente para dar un golpe con el apoyo del imperialismo y aprovechar para saquear las arcas del estado.

Hace una descripción critica profunda del rol nefasto ejercido por Karen Longarich, esposa del excanciller de Gonzalo Sánchez de Lozada, Juan Canaya, que fue promovida al cargo de la cancillería.

Esta condición empujada por Fernando Camacho a través de su operador Jerjes Justiniano, pone a Longarich en un cargo y una posición para pretender maquillar el desastre los efectos del golpe y la condición de los que quedaba el Estado Boliviano y abrir las puertas a la injerencia norteamericana titularizada por sus agentes y operadores que tienen pleno protagonismo en el golpe.

Hace una crítica fuerte a la función de la canciller Longarich que provoca un escenario favorable al imperio y sus agentes, muestra una condición de la dictadura amarrada a la justificación de los hechos de sangre de una supuesta sucesión constitucional.

Longarich trata de justificar el baño de sangre y propicias acciones caricaturescas, en escenarios internacionales. La cancillería se convierte en el soporte de la propaganda golpista para justificar una relación sumisa del estado boliviano frente a los Estados Unidos.

Longarich además realiza un trabajo de desacreditación y defenestración y destrozar lo hecho en 14 años de gestión de gobierno positivo del MAS-IPSP.

Lo dantesco de esta condición, es que por detrás de estas acciones están acciones de violencia que no comulgan con las relaciones de representación diplomática de Bolivia ante la comunidad internacional, en el marco del respeto a los Derechos Humanos que se había construido.

La Cancillería además ejerce una conducta policial ya que desde esa repartición se sustenta acciones contrarias a representaciones contrarias a la representación diplomática de Bolivia como ocurrió con México, Argentina y otros países que pusieron en riesgo la vida de las autoridades democráticamente electas cuando se cerca el aeropuerto, embajadas, se impide el aterrizaje de un avión y se persigue a quienes buscaban cobijo de países vecinos y amigos negándoles la emisión de salvo conductos para lograr un asilo político hechos que violan acuerdos de convenciones internacionales.

Longarich se convierte en una emisaria servil de la OEA y de la embajada norteamericana al repetir y difundir la denuncia del supuesto fraude.

Juan Ramón de la Quintana, muestra también como el gobierno de facto, repone viejas relaciones de dominación y dependencia del estrado boliviano con el gobierno norteamericano y sus agencias internacionales, en un franco retroceso de la política de liberación, de dignidad y soberanía ya establecidos.

Pero además se busca amarrar y maniatar a Bolivia en una nueva dependencia de su soberanía.

 Quintana describe al grupo golpista como una pandilla represiva, que no reparó en acciones para tratar de escarmentar con crueldad desmedida a la población andina de Bolivia “a los indios” odiada por la burguesía cruceña.

Se usó se manipula la biblia, la fe católica y a la iglesia para repetir esquemas de la conquista española, la dominación y sojuzgamiento colonial.

En ese escenario surge Fernando Camacho como brazo operativo del golpe de estado que junto con Arturo Murillo y otros convulsionan el país con el argumento de fraude en las elecciones, posición que no es otra cosa que la negación de un resultado desfavorable para la derecha y de los muertos de las masacres.

Camacho financia las protestas con el afán de encaramarse y tener el control de estructuras estratégicas del Gobierno como la Aduna, la aeronavegación, impuestos nacionales y otros con el fin de beneficiarse económicamente del Estado.

Con una elección en puertas y la población casi alzados en armas casi insurrectos, pero sin armas se lanza a la defensa de la democracia y la justicia.

Las elecciones cambiaron el escenario e impuso nuevas condiciones con la restitución de la democracia y del estado plurinacional, a través de la voluntad del pueblo, su conciencia social.

Posteriormente salen a la luz los vínculos de Murillo con el narcotráfico que no es nueva, sino que en el pasado ya tenía desde su hotel en el trópico y su relación con grupos paramilitares y agencias norteamericanas.

Juan Ramón de la Quintana hace una crítica al papel de la OEA a la que apunta como autor intelectual del golpe junto a organismos internacionales como Usaid, DEA, la CIA, y la embajada de EEUU que retoman su dominación y control de las FFAA y la Policía de Bolivia, a quienes, en el pasado a través de la escuela de las américas, entre otras, los capacitaron y los usaron para desestabilizar el país, para dar golpes de estado o para reprimir al pueblo.

Finalmente, el libro Golpe de Estado en Bolivia hace referencia al papel nefasto que cumplen los medios de comunicación de la derecha que contribuyen al complot a la conspiración a desinformar a la población y a influir en la opinión pública, para llevar al pueblo a la violencia, al odio, a apoyar el golpe de Estado y a aceptar la masacre de indígenas campesinos.